«Memoria Literaria. Antología del Grupo Literario Ñuble (1963 – 2017)»

Poesía, narrativa, crónica, reseña literaria y biografía / 15 x 23 cms / 208 págs / ISBN: 978-956-9159-19-0

MEMORIA LITERARIA. ANTOLOGÍA  (1963 – 2017), es mucho más que una recopilación de creaciones de los integrantes de esta importante agrupación (tanto en los géneros de poesía, narrativa o crónica), sino que se constituye en un verdadero documento que sintetiza el quehacer de esta institución cultural.

Junto con brindar una selección de creaciones de sus socios activos, no activos y colaboradores (de los que además se ofrece una breve reseña), se incluyen una serie de artículos a cargo del investigador y socio del grupo, Fernando Arriagada, que dan cuenta de los orígenes y trayectoria de la entidad, así como de una de sus obras más importantes: el festival literario Chillán Poesía, que se realiza desde 2003.

De esta manera, el presente texto no solo será un deleite para los amantes de la literatura, sino también un valioso material de consulta para los investigadores de la fértil historia cultural de la región de Ñuble.

El GRUPO LITERARIO ÑUBLE es la principal institución literaria de la nueva región de Ñuble. Fundado en 1963 en la ciudad de Chillán, lleva más de medio siglo de fecunda labor reuniendo a escritores de distintos géneros literarios de la zona, que encuentran en sus tertulias e iniciativas el espacio para cultivar y difundir sus creaciones.

Entre sus numerosas iniciativas de extensión cultural se encuentran una serie de publicaciones (desde boletines hasta libros), la creación de la Biblioteca del Relámpago y del festival literario Chillán Poesía, uno de los más prestigiados del país.

Comentario a “El Libro de los Cinco”, de Remberto Latorre, et al.

Cuatro de los cinco autores. De izquierda a derecha: Remberto Latorre, Ángel Morales (de pie), Julio Barrenechea y Eugenio Valenzuela. Ausente, Juan Borie.


“Este retrato de época no se refiere tanto a las costumbres y hábitos de su generación, que de todas formas están presentes; sino que explora el mundo interior, la sensibilidad, el descubrimiento y asimilación de la vida, en cinco niños, adolescentes, jóvenes, hombres maduros y adultos mayores… de mediados del siglo XX hasta hoy”.

Por Jorge Díaz Arroyo

¿Qué es El libro de los cinco. Homenaje al Instituto Nacional en su Bicentenario: 1813 – 2013? Quizás sea más simple explicar qué no es. No es una publicación homenaje del tipo corporativa, donde abundan las loas y las crónicas. Tampoco es una reseña histórica. Es un canto y celebración de la amistad, como valor, como experiencia, como virtud, como bálsamo de la vida… no por ello exenta de tensiones, sinsabores o insatisfacciones ¿Puede la amistad verdadera estar carente de estos ingredientes?

Éstos cinco autores, “los pingüinos”, bautizados así por los hijos de uno de sus integrantes, son un puñado de amigos que se conocieron a partir del año 1952, al alero del Instituto Nacional (al que dedican el texto), y que ya cuentan setenta y tantos años.

La obra, propiamente, se inicia con un prólogo que contextualiza el sentido de homenaje del libro, para dar paso, luego, a cinco crónicas, cada una a cargo de un miembro del grupo, que si bien son distintas, resultan armónicas y exquisitamente complementarias, no solo por el estilo escritural de los autores, sino por el tono, tema, perspectiva y experiencia vital abordada, convirtiéndose el conjunto en un retrato de época. Este retrato de época no se refiere tanto a las costumbres y hábitos de su generación, que de todas formas están presentes; sino que explora el mundo interior, la sensibilidad, el descubrimiento y asimilación de la vida, en cinco niños, adolescentes, jóvenes, hombres maduros y adultos mayores… de mediados del siglo XX hasta hoy.

La entrada a ese mundo privado se hace con sutileza, con elegancia (espontánea, nunca pretendida), propia de la franqueza noble de un hombre –cinco, en este caso– que se desnuda en un ejercicio que implica una reflexión serena, profunda, necesaria… no por esto poco dolorosa, persiguiendo aprehender el sentido último de la vida… del mundo… del porqué estar aquí… O -si resulta imposible responder a ello- al menos del, “ya que estamos aquí, qué hacer para darle sentido a esa estadía”. Como ocurre cuando estos ejercicios están bien ejecutados, inevitablemente se vuelven estímulo para que los lectores también los realicen.

Revisemos el libro en sus cinco partes centrales.

Portada de "El Libro de los Cinco. Homenaje al Instituto Nacional: 1813 - 2013"

Remberto Latorre ofrece un retrato social de una familia –la suya– rururbana, provinciana, de la zona central de Chile y de clase media (que en estándar local resulta de “clase acomodada”), y los vaivenes materiales de ésta, al tiempo que relata los esfuerzos y búsqueda de realización de sus miembros a través de los estudios, el emprendimiento, y la vida familiar; además de su personal asombro ante la cultura, que consume más sistemáticamente tras su arribo a Santiago, para ingresar al Instituto.

Julio Barrenechea bucea en su mundo interior, por medio del lenguaje poético, con una capacidad de asombro propia de un niño, cuyos versos resultan, con frecuencia, dolorosos. Este niño, vestido en tenida “formal”, nos cuenta en la segunda parte de la sección a su cargo, una sabrosa y entretenida anécdota sobre “los trabajos y los días” de un cónsul chileno en Tacna, Perú, preocupado en unir a los pueblos por medio de la cultura.

Ángel Morales, Tito, es otro niño-hombre, sorprendido con las novelescas historias familiares de sus ancestros. Asimismo nos comparte las alegrías y penas de la infancia, los laberínticos caminos del amor (con final feliz para él) y un lúdico (otra vez aparece el niño juguetón) relato médico que prepara el ambiente a una especial “efeméride” de sus amigos.

Eugenio Valenzuela, nos conduce -de la mano de la ópera, de la que se vale para fijar varios epígrafes- por una serie de pasajes vitales, a menudo colindantes al dolor, pero no a ese estéril o que atrofia o paraliza, sino a uno nutritivo y necesario para crecer, madurar, templar y humanizar. Vemos así en sus páginas transitar a maestros de piano (tres, pero especialmente dos, muy distintos); a su madre y a su padre, también diferentes; a su tío sacerdote; a unos ocasionales amigos italianos; a un vecino español que gusta de la ópera y la zarzuela… y a Carmen, deleite y compañía…

Concluimos con Juan Borie, ausente en Chile por más de 20 años, por un exilio en Francia relativamente autoimpuesto, y quien parece siempre aprontarse concretar un anunciado y deseado retorno… que se ha retrasado ya demasiado tiempo. Juan luce un pesimismo lúcido, que le permite en simples cartas –sin ninguna pretensión intelectual– realizar certeros diagnósticos sobre Europa, Francia, Chile y la cultura occidental contemporánea, que, escritos en distintas épocas, han demostrado ser premonitorios. Juan Borie no escribe para este texto, como sus compañeros (doble muestra de su “ausencia”), pero autoriza la reproducción de sus cartas, en la que igualmente se revelan aspectos de su vida.

El conjunto está muy convenientemente salpicado de fragmentos de misivas y correos electrónicos que a veces dan cuenta de la preparación del libro, los comentarios de los avances que sus autores han revelado y otras coordinaciones cotidianas, como las que acuerdan las periódicas reuniones a comer y conversar “mirándose a la cara”. Nos muestran así, los autores, el tejido cotidiano de su amistad… el principal regalo, recado y mensaje que contiene este libro.

Profesor de literatura de la Universidad de Playa Ancha reseña libros de Remberto Latorre

"El maravilloso viaje al Fin del Mundo de Pipilo y Maruca" y "Días y noches en Villa Deseada", de Remberto Latorre.

Eddie Morales Piña, crítico literario y docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha, analizó las obras “El Maravilloso Viaje al Fin del Mundo de Pipilo y Maruca” y “Días y Noches en Villa Deseada” de Remberto Latorre, publicada por Ediciones ICD, en su columna semanal en el portal CasablancaHoy.com.

Eddie Morales

Magister en Literatura, Eddie Morales es profesor titular de la Universidad de Playa Ancha, en donde dicta las cátedras de Hispanística Medieval y Literatura Hispanoamericana y Chilena. Ha publicado, entre otros, los libros “Mito y antimito en García Márquez” (2002), “Orientaciones actuales de la crítica literaria y cultural” (2003), “Diccionario (personal) de la literatura chilena” (2003) y “Lecturas sobre textos líricos” (2004). Es precisamente en la faceta de estudioso de la literatura hispanoamericana y chilena que Morales desarrolla, además, un rol de crítico, publicando reseñas en el diario El Mercurio de Valparaíso, labor que hoy replica en el portal CasablancaHoy.com, diario digital de su ciudad, en la Quinta Región.

En esta tribuna, el académico dedicó una columna en la que analiza las más recientes obras del autor renguino Remberto Latorre, a saber “El Maravilloso Viaje al Fin del Mundo de Pipilo y Maruca” y “Días y Noches en Villa Deseada”, ambas editadas en 2012 por Ediciones Investigación Cultura y Desarrollo (Ediciones ICD) y el centro Religioso y Cultural San Pedro y San Pablo de Rengo.

Morales comienza presentando al autor como uno “que no sólo escribe relatos, sino que los ilustra con imágenes de su propia creación, tanto  las portadas como el interior de los textos”. Cabe señalar que Latorre es Diseñador Teatral. De hecho -continúa Morales- esta misma formación dramática permearía la obra del autor renguino “por cuanto en el proceso de enunciación del discurso literario, los narradores adoptan la perspectiva de un locutor dramático; en otras palabras, el sujeto que se evidencia en el enunciado tiende a introducir la trama y luego desaparece entregándole la palabra a los personajes y actantes, quienes construyen el mundo a través del diálogo directo. De este modo, los relatos se despliegan en el proceso de lectura como verdaderos textos dramáticos”. Incluso, apuesta el académico, “dada la calidad de textos donde el diálogo es un recurso privilegiado, sus argumentos podrían ser fácilmente puestos en acto como obras teatrales, al menos, el de Villa Deseada”.

Pero así como establece los elementos en común, el crítico también señala las singularidades de cada una de las obras: “cuando focalizamos nuestra atención en el plano del enunciado, descubrimos que los dos textos se ubican en distintos márgenes escriturales”, observa.

Así, para Morales El maravilloso viaje al fin del mundo de Pipilo y Maruca cumple con los “códigos de la denominada literatura infantil. Se trata, efectivamente, de un cuento de hadas, de un Marchen, por cuanto es una trama maravillosa donde los elementos sobrenaturales y fantásticos plasman el mundo imaginario de los jóvenes protagonistas, Pipilo y Maruca, en el descubrimiento del ser de las cosas. También podemos leer el relato como una especie de fábula o leyenda, pues en él los personajes interactúan con los elementos naturales como el viento, y con seres del mundo natural como un abejorro”.

En tanto, el especialista define a Días y noches en Villa Deseada, como “un relato altamente significativo desde el punto de vista de la cosmovisión bíblico-teológica que adopta el narrador al plasmar los acontecimientos, que nos revela una perspectiva propia del humanismo cristiano”. Agrega que “la historia está construida sobre una tríada”, ya que “tiene tres instancias narrativas fundamentales: (…) el andar errante de Adán y Eva, en búsqueda del Edén perdido; luego, el auto sacramental donde un peregrino descubre su muerte en compañía de cuatro ángeles prontos a participar de la Asunción de la Virgen, y, por último, el drama de un sacerdote que busca la santidad en medio de los vaivenes del mundo. Estos tres ejes están, a su vez, enmarcados por otros espacios narrativos que les sirven de marcos. El primer segmento nuclear está dado en tono de comedia, casi de un drama del absurdo; es un texto complejo, casi surrealista, plagado de imágenes oníricas que explica la historia de la primera caída; el segundo, a su vez, se nos presenta como un texto casi prístino, donde la imagen de la Mujer, la Nueva Eva, adquiere connotaciones de lo que efectivamente es Ella: la corredentora del género humano; por último, el tercer segmento, no es más que la reactualización de la angustia vivida por el Hombre-Dios en el Huerto de los Olivos, previo a la Pasión, en la figura de un cura de Villa Deseada, el padre Miguel, quien vive su agonía espiritual en el presenta de la narración.

Concluye el estudioso en que “estos dos libros recomendables nos muestran a Remberto Latorre V. como un autor en que se trasluce una visión profundamente humanista al momento de articular sus historias”.

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