Profesor de literatura de la Universidad de Playa Ancha reseña libros de Remberto Latorre

"El maravilloso viaje al Fin del Mundo de Pipilo y Maruca" y "Días y noches en Villa Deseada", de Remberto Latorre.

Eddie Morales Piña, crítico literario y docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha, analizó las obras “El Maravilloso Viaje al Fin del Mundo de Pipilo y Maruca” y “Días y Noches en Villa Deseada” de Remberto Latorre, publicada por Ediciones ICD, en su columna semanal en el portal CasablancaHoy.com.

Eddie Morales

Magister en Literatura, Eddie Morales es profesor titular de la Universidad de Playa Ancha, en donde dicta las cátedras de Hispanística Medieval y Literatura Hispanoamericana y Chilena. Ha publicado, entre otros, los libros “Mito y antimito en García Márquez” (2002), “Orientaciones actuales de la crítica literaria y cultural” (2003), “Diccionario (personal) de la literatura chilena” (2003) y “Lecturas sobre textos líricos” (2004). Es precisamente en la faceta de estudioso de la literatura hispanoamericana y chilena que Morales desarrolla, además, un rol de crítico, publicando reseñas en el diario El Mercurio de Valparaíso, labor que hoy replica en el portal CasablancaHoy.com, diario digital de su ciudad, en la Quinta Región.

En esta tribuna, el académico dedicó una columna en la que analiza las más recientes obras del autor renguino Remberto Latorre, a saber “El Maravilloso Viaje al Fin del Mundo de Pipilo y Maruca” y “Días y Noches en Villa Deseada”, ambas editadas en 2012 por Ediciones Investigación Cultura y Desarrollo (Ediciones ICD) y el centro Religioso y Cultural San Pedro y San Pablo de Rengo.

Morales comienza presentando al autor como uno “que no sólo escribe relatos, sino que los ilustra con imágenes de su propia creación, tanto  las portadas como el interior de los textos”. Cabe señalar que Latorre es Diseñador Teatral. De hecho -continúa Morales- esta misma formación dramática permearía la obra del autor renguino “por cuanto en el proceso de enunciación del discurso literario, los narradores adoptan la perspectiva de un locutor dramático; en otras palabras, el sujeto que se evidencia en el enunciado tiende a introducir la trama y luego desaparece entregándole la palabra a los personajes y actantes, quienes construyen el mundo a través del diálogo directo. De este modo, los relatos se despliegan en el proceso de lectura como verdaderos textos dramáticos”. Incluso, apuesta el académico, “dada la calidad de textos donde el diálogo es un recurso privilegiado, sus argumentos podrían ser fácilmente puestos en acto como obras teatrales, al menos, el de Villa Deseada”.

Pero así como establece los elementos en común, el crítico también señala las singularidades de cada una de las obras: “cuando focalizamos nuestra atención en el plano del enunciado, descubrimos que los dos textos se ubican en distintos márgenes escriturales”, observa.

Así, para Morales El maravilloso viaje al fin del mundo de Pipilo y Maruca cumple con los “códigos de la denominada literatura infantil. Se trata, efectivamente, de un cuento de hadas, de un Marchen, por cuanto es una trama maravillosa donde los elementos sobrenaturales y fantásticos plasman el mundo imaginario de los jóvenes protagonistas, Pipilo y Maruca, en el descubrimiento del ser de las cosas. También podemos leer el relato como una especie de fábula o leyenda, pues en él los personajes interactúan con los elementos naturales como el viento, y con seres del mundo natural como un abejorro”.

En tanto, el especialista define a Días y noches en Villa Deseada, como “un relato altamente significativo desde el punto de vista de la cosmovisión bíblico-teológica que adopta el narrador al plasmar los acontecimientos, que nos revela una perspectiva propia del humanismo cristiano”. Agrega que “la historia está construida sobre una tríada”, ya que “tiene tres instancias narrativas fundamentales: (…) el andar errante de Adán y Eva, en búsqueda del Edén perdido; luego, el auto sacramental donde un peregrino descubre su muerte en compañía de cuatro ángeles prontos a participar de la Asunción de la Virgen, y, por último, el drama de un sacerdote que busca la santidad en medio de los vaivenes del mundo. Estos tres ejes están, a su vez, enmarcados por otros espacios narrativos que les sirven de marcos. El primer segmento nuclear está dado en tono de comedia, casi de un drama del absurdo; es un texto complejo, casi surrealista, plagado de imágenes oníricas que explica la historia de la primera caída; el segundo, a su vez, se nos presenta como un texto casi prístino, donde la imagen de la Mujer, la Nueva Eva, adquiere connotaciones de lo que efectivamente es Ella: la corredentora del género humano; por último, el tercer segmento, no es más que la reactualización de la angustia vivida por el Hombre-Dios en el Huerto de los Olivos, previo a la Pasión, en la figura de un cura de Villa Deseada, el padre Miguel, quien vive su agonía espiritual en el presenta de la narración.

Concluye el estudioso en que “estos dos libros recomendables nos muestran a Remberto Latorre V. como un autor en que se trasluce una visión profundamente humanista al momento de articular sus historias”.

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